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1 Ago 2017

Clases de empresa y libre mercado para funcionarios de Corea del Norte

La escritora Suki Kim relata en su libro Sin ti, no somos nadie como uno de sus alumnos norcoreanos le preguntó en una ocasión que significaba la expresión «clase económica» de los aviones. «¿Es que enseñan economía en los aviones?», inquirió el muchacho.

La que fuera profesora de inglés de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Pyongyang reconocía en el mismo libro las dificultades que tenía para enseñar a sus pupilos el significado de palabras como «impuestos», «seguridad social» o «carta de solicitud de empleo».

Aferrados durante décadas a un sistema al margen de la realidad exterior, tales vocablos eran completamente extraños al sistema norcoreano regido por una economía centralizada dictada por el liderazgo de la saga Kim.

Por ello, resulta especialmente singular el experimento que inició la ONG Choson Exchange en 2009 para dar clases de empresa y libre mercado a un selecto grupo de funcionarios de Corea del Norte.

Su fundador, Geofrey K. See, visitó por primera vez en 2007 el opaco Estado autocrático en un periplo turístico en el que conoció a una joven norcoreana que le expresó su interés por convertirse en empresaria lo que instó al economista -máster por la Universidad de Yale (EEUU)- a fundar Choson.

Junto al británico Andray Abrahamian, un experto en Corea del Norte con un doctorado en medios e imágenes de ese país, han instruido a más de 1.200 norcoreanos procedentes de decenas de instituciones en cómo «regentar sus negocios de una mejor manera», al tiempo que fomentan «la discusión sobre sus directrices económicas a medida que los funcionarios piensan en las opciones políticas que enfrentan», según explicó el inglés en una conversación vía email con este diario.

Choson ha organizado desde cursos para aleccionar a los norcoreanos sobre cuestiones tan básicas como márgenes de beneficio, gestión de activos o microfinanzas a desarrollar en 2012 un programa específico para mujeres.

Pero también les instruyen en comercio virtual o empresas emergentes basadas en la tecnología, conceptos habituales para cualquier economía interconectada donde los emprendedores pueden acceder sin restricciones al espacio virtual a través de sus teléfonos móviles y ordenadores, pero que en Corea del Norte choca con el estricto control que ejerce el Estado sobre su limitada intranet.

Como escribió el fundador de la ONG, Geofrey K. See, pese a los conocimientos técnicos de los programadores norcoreanos, estos cursos específicos les dejaron claro que para conocer los requerimientos del mercado necesitan «interactuar» con los clientes y eso no es posible sin conectividad.

La principal estrategia de Choson estriba en organizar esos talleres en el extranjero, permitiendo que los norcoreanos visiten una nación tan desarrollada a nivel tecnológico como es Singapur.

«Tienen un mayor impacto en los participantes que no han viajado mucho fuera de Corea del Norte. Es lo más divertido. Es increíble ver a un norcoreano que sale al exterior por primera vez. Hemos sacado a un centenar desde 2011, aunque ahora tenemos más dificultad para encontrar donantes (que sufraguen estos desplazamientos)», añade Abrahamian.

Ju Jong Hyok participó en uno de los talleres de Choson tras conocer a los integrantes de esa ONG en su estancia en Egipto. Durante un mes se trasladó a Singapur junto a otros cuatro norcoreanos elegidos por Pyongyang para asistir a lecciones de finanzas y visitas a entidades como consultorías o bancos como el Nacional de Singapur o el HSBC.

El funcionario norcoreano, que ahora se dedica al sector del turismo, reconoce que tras «la caída del bloque comunista en 1989» su país necesita «comprender las técnicas del mercado». «Nos intentan enseñar técnicas para lidiar con nuestro entorno, que es capitalista, pero son neutrales. No pretenden convertirnos al capitalismo», señala.

En 2013, un experto de ‘The Economist’ participó en uno de estos seminarios y una de sus actividades fue plantear a sus alumnos norcoreanos que diseñaran un proyecto de rescate para un país ficticio acosado por una crisis de su moneda, una inflación galopante, una industria estatal obsoleta, el desplome de los precios de las materias primas y un vecino cada vez más distante en el norte. Una nación que sin nombrarla pretendía que les recordara a su propio Estado.

La solución que le ofrecieron los participantes oscilaron desde «privatizar las empresas estatales para conseguir una moneda sólida y fomentar la competencia para mejorar la eficiencia» a «subir los intereses para atraer las inversiones» o invitar a instituciones internacionales para «ayudar a la población durante el proceso de austeridad», opciones todas ellas que habrían hecho que hasta el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) «se hubiera sentido orgulloso», como escribió el economista.

Para el improvisado profesor, esta reacción fue un «impresionante recordatorio de lo valiosos y poco explotados que están los intercambios de persona a persona con estados paria como Corea del Norte».

Fuente: https://goo.gl/Mk87QC